Pobrecito mi patrón.
- Michael Maldonado

- 23 may 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 13 ago 2024
Francisco Quimi (Panchito) de 63 años, de contextura delgada, piel quemada, tostada por el sol. Su trabajo es regar las plantas y mostrarle las diversas especies de bonsái importados, que tiene el vivero "The Bonsai Garden" ubicado junto a una elegante Piazza Vía a la costa en Guayaquil.
La mayoría de su tiempo la pasa observando su entorno y escuchando música en su radio portátil de coca cola. Panchito es un man relajado, del tipo de persona que escucha más de lo que habla y cuando lo hace, es de forma pausada y en tono de voz no muy alto.
Todas las mañanas empieza su día antes de las cinco AM, moja su pan enrollado en el café, se pone el mismo pantalón de tela gris, desgastado cerca de la zona de las rodillas, su camisa blanca curtida por la tierra y el trabajo. Agarra su bicicleta oxidada y se dirige al vivero.
Le toma cerca de quince minutos pedalear desde el pueblo de Chongón donde vive hacia el trabajo. Pedaleo el cual debe hacer también para su retorno a casa a las cinco de la tarde. Pancho vive con su esposa Martha, su hija Pame la cual se encuentra viviendo con ellos desde hace un año, cuando perdió su trabajo por recorte de personal, junto a sus dos hijos de seis y ocho años. La parte favorita de Panchito es junto a su esposa jugar con sus nietos y ayudarlos a hacer los deberes escolares después de la merienda.
Arturo Alvarado (Jefe de Panchito) 52 años, de contextura alta y delgada. Viste generalmente de camisa negra y pantalón caqui, de esos que te mandas a hacer a tu medida. Lentes gruesos negros que opacan un poco sus ojos verdes claros.
Viene dos horas diarias al vivero, tiempo en el cual se lo dedica a hacer papeleos, arqueos de caja, contactos con distribuidores y posibles compradores.
Arturo es sistemático, del tipo de persona que tiene absolutamente todo cronometrado y planeado con días de anticipación, ya que considera que así las cosas funcionan mejor.
Fiel a su agenda diaria, ya que debe cuidar de sus otros dos negocios en los cuales se encarga de vender de manera macro, flores que cultiva en una granja con la ayuda de un grupo de trabajadores que tiene a su cargo.
Padre de dos niñas de trece y diez años. Los días de Arturo empiezan antes de que salga el sol y terminan muy tarde de la noche, tiempo en el cual cuando llega a casa, sus dos hijas están dormidas, excepto en tiempo de vacaciones escolares. El trabajo diario de ir a recogerlas de la escuela lo realiza Carmen la niñera que las ayuda en casa con la tarea y las cuida. De vez en cuando la esposa de Arturo puede recoger a sus hijas, siempre y cuando logre hacer malabares en su también muy apretada agenda ya que está a cargo de una firma de arquitectos reconocida en el país.
Panchito tiene más de ocho años trabajando para Arturo, ha sido su fiel empleado desde que abrió el vivero años atrás. Aun así, son pocas las oportunidades que se presentan en la cual ellos pueden conversar. Cuando sucede, generalmente es de forma rápida y concreta acerca de si un bonsái enfermó o una venta se pudo concretar.
Una tarde Panchito recibe una llamada de Arturo en la cual le pide que se ocupe de una venta en particular, ya que se trata de un pedido grande y muy lucrativo. Le da instrucciones claras para concretarla. Esta llamada la hace mientras maneja, Panchito lo sabe por la tonalidad de Arturo, que está incomodo por el tráfico y hasta puede escuchar los pitidos de los autos.
Arturo le comenta que no llegará a tiempo ya que la terapia con su psicólogo se alargó y perdió la noción del tiempo.
Arturo le dice a Panchito en una tonalidad apurada y ansiosa:
-Oye Pancho, entonces no olvides mostrarles a los gringos los de la hilera de adelante ya que son los mejores que tenemos. Y pronto han de estar llegando, yo ya no alcanzo, y ellos solo pueden los miércoles.
Panchito responde:
- Pero hoy es Martes Don Arturo.
- ¡Ahh caray! dice aliviado. Es que pareciera que fuera miércoles, no sé ni en qué día de la semana estoy. Se escucha un silencio y cuelga.
Panchito confundido de tanta "confusión". Percibe un olor muy reconocible y agradable para él, ¡es la primera garúa de invierno!, ese olor a tierra mojada que tanto le encanta. Se sienta en su silla roja de plástico tambaleante, a observar el cielo y ve una sola nube gris, lo cual le indica que la pequeña llovizna, no llegará a ser lluvia. Prende su radio y comienza a sonar la melodía de una guitarra tranquila tipo bolero, es la canción de Facundo Cabral, esa que dice:
"Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo". https://www.youtube.com/watch?v=R7pK0Wu1rg0





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