Los niños no son cojudos.
- Michael Maldonado

- 9 may 2020
- 2 Min. de lectura
He despertado muy temprano, lo sé porque mi hermanito está sentado junto a mi cama viendo el pájaro loco y recuerdo que lo pasan en canal 8 cuando me dan desayuno. Entonces doy vueltas en mi sábana de Mickey Mouse esperando que el olor a torrejas y café con leche sean un motivo para saltar de la cama. Pero esta mañana, no hay olores que vengan de la cocina.
En este caso será mi curiosidad y ganas de comer que me hagan salir de mi cama. - ¡Hola ñaño! grité.
Él con la mirada perdida al televisor, aún en pijamas, ni siquiera nota mi presencia.
Camino a la cocina y se escuchan susurros a lo lejos. Son palabras inentendibles. ¿Se puede gritar en voz baja? Parece que la conversación es muy importante y eufórica, pero debe mantenerse por alguna razón en secreto.
Veo a mi mamá en la cocina, alcanzo a ver que está con papá. ¡Papaaaaá! Grité. Salgo pisado a saludarlo, animadamente y sin zapatos como es mi costumbre. ¡Uy! olvido que a mamá no le gusta verme descalzo porque me puedo enfermar. Abrazo a mi papito que no he visto en días. Estaba de viaje así me contó mi mami. Percibo un olor en él, no es un olor nuevo y creo que ha estado fumando también. Veo sus ojos rojos, un poco evasivos a mi mirada, con algo de vergüenza.
- ¡Vamos a jugar, móntame como caballito! digo.
Mi madre responde por el:
-Deja a tu papá que descanse, parece que no ha dormido nada.
Yo ahora con hambre, sin zapatos y confundido, regreso al cuarto y me siento junto a mi hermano a ver los dibujos animados. El aún no nota mi presencia. Entonces le cambio de canal. Ahora si me mira y me mete un puñete en el brazo derecho. ¡Bien! ahora somos cuatro los incómodos.
Feliz día de las madres





Comentarios