Podré ser un hijo de puta, pero nunca un hijueputa!
- Michael Maldonado

- 25 abr 2020
- 3 Min. de lectura
PELEA!, PELEA! escucho la gente gritar. Miro hacia al frente, en la esquina, justo afuera de la casa abandonada de bloques. La imagen de dos niños en plena puñetiza. Por inercia hago lo obvio y me acerco a sapear. Alcanzo a notar que uno de los chicos es mas alto que el otro, y veo al mas bajito a punto de tirar un super combo tiro Mortal Kombat, con los ojos llorosos. No se trataba de un llanto proveniente de la tristeza, si no mas bien de pura rabia. Que si no era por "pajarito" (el triquero del barrio), el pequeño hubiera finiquitado al niño mas alto y terminado en fatality. Al acercarme voy reconociendo el rostro feo de este niño embrutecido de ira y como su rostro rojo va tomando color de humano, puedo ver que ese super sayayin patucho se trataba de mi amigo Junior. Ya separados, se acomoda su camiseta café curtida que algún día fue blanca y recoge su zapato derecho Venus que había salido volando al intentar patear la cabeza del otro niño. Zapato que de por cierto combinaba con el color de su camiseta. Me acerco a Junior el cual se me hacia difícil reconocer ya que nunca lo había visto así de arrecho y le pregunto: - ¿Estas bien? ¿Que fue lo que paso? -Nada loco, es que este man me insultó! Me dijo hijueputa! - Respondió Junior. Había escuchado esa frase muchísimas veces y a mis diez años sabia que se trataba de una mala palabra ya que nuestra madre se enfurecía si a caso con mi hermano llegábamos a pronunciarla. Pero no sabia de la gravedad de la misma. Es mas no entendía aún por que le había ofendido tanto a Junior, a nivel de enfurecerse así y querer soñar al otro. Junior era un niño de estatura pequeña y huesos anchos, dueño de una risa estruendosa que se volvía su anuncio de llegada a cuadras de distancia. Para los doce años que debía haber tenido él en ese tiempo. Llegué a entender que ese incisivo central izquierdo no le iba a salir jamás, aunque siempre asumí que se lo rompió jugando por ahí, nunca le pregunté. Junior siempre parecía estar con tiempo libre. Jugábamos pelota en la calle de tierra por las tardes y cuando llovía se volvía un Bernabeu de mantequilla. Y los pupos marca Venus hacían el terreno mas deslizable. En temporada de cosecha jugábamos a bajar los mangos y almendras que silvestremente se cosechaban afuera de la casa de mis vecinos en Pascuales. Cada vez que le preguntaba por su mamá me decía que estaba durmiendo, por que trabajaba bien tarde en la noche. Nunca supe donde exactamente. Ni tampoco donde vivía pero cuando le preguntaba me señalaba hacia la loma a la cual para subir había que atravesar un callejón lodoso muy estrecho hacia donde siempre vi solo casas hechas de caña. Junior era sabio para su edad, el me enseñó que tomar agua era una forma de amagar el hambre. Me decía orgulloso: ¿Tienes hambre? Mira, esto es sencillo ; tomas mucha. mucha agua hasta que te llenes el estómago y el hambre se va. Una noche veo bajar caminando del callejón proveniente de la casa de Junior a una señora muy arreglada, (dado que en una ocasión la había visto de la mano de Junior) asumí seria su madre. Portaba una cartera grande, usaba uñas muy largas. Vestía una falda corta y provocativa, el material de la blusa era una especie de malla, la cual a través de ella se podían ver parte de sus senos. Se acomoda los tacones gruesos y altos, arroga el tabaco que venía fumando y se sube a un auto. Fue esa noche. Justo en ese momento. Aún en mi niñez, todo empezaba a tener sentido. Me daba cuenta de que Junior no era ningún hijueputa, Junior era un bacán, un guerrero y que había estado en todo el derecho de haberle partido el alma a ese otro niño. Por que a la madre se la respeta.





Un abrazo gigante!
👏🏻👏🏻👏🏻. Soberbio, bro. Tremendo paseo narrativo. Al principio, me quedé como loco tratando de hallar la diferencia. Al final, queda clarisimo.
Linda historia real, vivida en aquellos años de nuestra niñez.